El miedo a que en Italia estallara una revolución comunista hizo que después de la Primera Guerra Mundial se formaran en la península numerosas agrupaciones derechistas, de tendencia violenta. Una de ellas fue el Partido Fascista, que creció rápidamente. En 1922, unos 25.000 miembros de las milicias del Duce, conocidos como “camisas negras”, protagonizaron una gigantesca manifestación en Roma. Como consecuencia de ella, Mussolini fue designado primer ministro, cargo que le sirvió de trampolín para tomar la totalidad del poder.