El combustible que se emplea con mayor frecuencia en las centrales nucleares es el uranio 235 (U-235), un isótopo del elemento uranio.
Si por accidente un reactor nuclear libera radiación, contamina el ambiente hasta el punto de provocar la muerte de los seres vivos. Por eso las centrales atómicas están en lugares apartados, sus construcciones son especiales para proteger el medio que las rodea y poseen numerosas medidas de seguridad.