En términos generales, se denomina fruto al ovario madura de una planta que en muchos casos se puede comer, como la castaña, el limón, el melón o el tomate. Por otro lado, se conoce como verduras a las partes vegetativas de la planta que son comestibles, como la espinaca, la papa, la cebolla o la coliflor. Entre los frutos se encuentran los carnosos y los secos. Los primeros tienen el pericarpio de gruesas paredes, jugoso, generalmente nutritivo (manzana, cereza, pera, durazno), y se denominan habitualmente frutas. Los segundos, que tienen el pericarpio leñoso y casi sin agua, se pueden clasificar en dos clases: frutos secos indehiscentes (que no se abren cuando maduran), como trigo, arroz, maíz, girasol; y frutos secos dehiscentes (que se abre naturalmente cuando están maduros y dejan salir las semillas), como la arveja y el haba. Las verduras pueden clasificarse de acuerdo con sus partes comestibles: verdura de raíz, como la zanahoria; de bulbo, como la cebolla; de tubérculo, como la papa; de hoja, como la acelga; y de flor, como el brócoli.
Los cítricos –como la naranja, el limón y la mandarina-, las frutillas y los tomates tienen alto contenido de vitamina C. Los frutos, en general, tienen importantes valores de vitaminas A y B.
La mayoría de las verduras son ricas en minerales, vitaminas y fibras, y pobres en calorías, grasas y proteínas; por ello, su incorporación a la alimentación diaria es indispensable, ya que aumentan el vigor del cuerpo, estimulan el crecimiento, contrarrestan enfermedades y colaboran con el proceso de la digestión.