La presencia de Neptuno fue calculada matemáticamente por Urbain Le Verrier en el siglo XIX, como consecuencia de las irregularidades que mostraba la órbita de Urano y que sugerían la presencia de un cuerpo celeste que interfería en el movimiento de ese planeta. Finalmente, en 1846 el planeta Neptuno fue confirmado por Gottfried Galle, del observatorio de Berlín.